Aprender a Pensar

Repensar la Educación

SOMOS, LUEGO EXISTO

Oscar Alonso Peno

Lunes de Pascua: ¡Jesús abre camino!

escrito el 9 de abril de 2012 por en General


Entre las ideas que más resonaron en mí de la homilía de la Vigilia Pascual en la parroquia fue la de que Jesús, el Resucitado, nos abre el camino. Va delante, no nos deja solos, nos acompaña, es la luz que guía, la verdad que alegra y el camino por el que estamos llamados a caminar. Jesús abre camino. ¿Qué haríamos nosotros si él no fuese delante? ¿Si su Espíritu no estuviera presente en su Iglesia, en nuestras comunidades, en nuestras familias, en nuestras misiones y tareas? Por eso él va delante y, al mismo tiempo, es capaz de permanecer a nuestro lado, es capaz de quedarse junto al que más necesita su presencia, su palabra y sus gestos de complicidad.

¡Caminemos, pues, con la certeza de que no lo hacemos solos, sino bien acompañados!
¡Caminemos, pues, con la certeza de que Él es, de verdad, la Verdad de nuestra vida!
¡Caminemos, pues, con la certeza de que el camino que tenemos por delante lo ha inaugurado quien ahora nos acompaña!

¡Feliz Lunes de Pascua!


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¡Alegrémonos! ¡Feliz Pascua de Resurrección!

escrito el 7 de abril de 2012 por en General

“Si Cristo no hubiera resucitado, vana seria nuestra fe” (I Corintios 15,14)

A todos, para todos ¡Feliz Pascua de Resurrección!

Dice el Pregón Pascual:

“Alégrense por fin los coros de los ángeles, alégrense las jerarquías del cielo, y por la victoria de rey tan poderoso que las trompetas anuncien la salvación. Goce también la tierra, inundada de tanta claridad, y que, radiante con el fulgor del rey eterno, se sienta libre de la tiniebla, que cubría el orbe entero. Alégrese también nuestra madre la Iglesia, revestida de luz tan brillante; resuene este templo con las aclamaciones del pueblo. ¡Qué noche tan dichosa! Sólo ella conoció el momento en que Cristo resucitó del abismo. ¡Qué noche tan dichosa en que se une el cielo con la tierra, lo humano con lo divino!”.

Hace unos días, junto a María Rosa, una amiga de siempre, madre, abuela, creyente y teóloga, en una conversación en torno a un café, recordábamos y comentábamos anécdotas y aventuras de hace años. Repasamos algunas celebraciones vividas juntos, añorábamos también cosas que se habían ido perdiendo por el camino… el tiempo pasa y las energías también se desgastan. Y ella, que hace años perdió a Pepe, su marido, un hombre entrañable, cariñoso y de Jesús, me decía: “Oscar, no entenderé nunca que en la Vigilia Pascual y en las eucaristías en las que cantamos el Aleluya lo hagamos sin ganas, sin alegría, apagados, casi sin abrir la boca, dejando entre dientes lo más grande que tenemos. Si llamaran a mi puerta y me dijeran que Pepe ha resucitado, Dios mío, gritaría, se me saltarían las lágrimas de alegría y felicidad”.

Este Domingo de Resurrección, el día más importante de nuestra fe, me quedo con esas palabras de María Rosa. Gritemos llenos de alegría, a los cuatro vientos, que Jesús, el Señor de los amigos, el Señor de los encuentros, el Señor de la VIDA ¡Ha resucitado! Que se nos note que ha resucitado también en nosotros, que nos renueva por dentro, que nos transforma y nos da nuevos motivos para la VIDA y la ESPERANZA de todos.

Queridas y queridos amigos, con alegría os digo:

¡Feliz Pascua de Resurrección! ¡Feliz Vida Resucitada!

Un fuerte abrazo, Oscar Alonso


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Sábado Santo: Si el grano de trigo no muere…

escrito el 7 de abril de 2012 por en General

“Durante el Sábado Santo (ó Sábado de Gloria) la Iglesia permanece junto al sepulcro del Señor, meditando su pasión y su muerte, su descenso a los infiernos y esperando en oración y ayuno su resurrección. Es el día de espera litúrgica por excelencia que se manifiesta con la ausencia de celebraciones o símbolos visibles en las iglesias”.

Es inevitable, en un día como este, recordar la mañana del Sábado Santo en las Pascuas Juveniles. Tras una noche en la que en torno a Jesús crucificado adorábamos la cruz y cantábamos durante horas inmersos en el misterio de la Pasión y Muerte de Jesús, llegaba de nuevo el día. A primera hora caminábamos hacia un lugar que simbolizaba el sepulcro de Jesús y en esa oración, mientras cada uno enterraba en la tierra unos granos de trigo con el convencimiento de que de ellos brotaría la vida, cantábamos juntos: “Si el grano de trigo no muere en la tierra es imposible que nazca fruto. Aquel que da su vida para los demás tendrá siempre al Señor”.

El resto de la mañana estaba dedicado al silencio y al desierto personal. El Sábado Santo es un día que nos invita a profundizar, para contemplar, para creer en esperanza. Es el día de la ausencia, del silencio, del vacío. Eso sí, no es un día vacío en el que “no pasa nada”. Ni un duplicado del Viernes. La gran lección es ésta: Cristo está en el sepulcro, ha bajado al lugar de los muertos, a lo más profundo a donde puede bajar una persona. Y junto a Él, como su Madre María, está la Iglesia. Callada, como él. El Sábado está en el corazón mismo del Triduo Pascual. Entre la muerte del Viernes y la Resurrección del Domingo nos detenemos en el sepulcro. Un día puente, pero con personalidad. Son tres aspectos – no tanto momentos cronológicos – de un mismo y único misterio, el misterio de la Pascua de Jesús: muerto, sepultado, resucitado.

Jesús ha muerto. Y “saber morir es destruir las raíces de pecado que hay en el corazón; saber morir es enterrar el egoísmo y dejar marchitar el orgullo; saber morir es ser constructor de paz y desterrar la guerra y la violencia; saber morir es tener capacidad de servir generosamente a los demás; saber morir es amar a Dios y a los hermanos con todo el corazón; saber morir consiste en sonreír ante la adversidad y arrancar el pesimismo del corazón humano; saber morir es vivir en gracia y destruir el pecado; saber morir es dar la vida, como Cristo en la cruz, para salvar”.

Empezamos a morir cuando nacemos. La vida es una carrera hacia la muerte. Pero la muerte es la puerta abierta que da acceso a la Resurrección. Lo fue en Jesucristo, y lo es para nosotros. Es necesario que el grano de trigo caiga en tierra y muera para dar fruto. Casaldáliga dice que, para quien ha vivido en plenitud, agradecido y dando vida, la muerte es el último detalle de la vida. ¡Cuánta vida hay detrás de estas palabras! ¡Cuánta donación, cuánta fe en la resurrección!

¡Qué hermosa parábola la del grano de trigo, que nos abre a la esperanza, a desterrar el miedo a la muerte! Y es que la muerte es ya Vida, aunque parezca una paradoja. Y la victoria de la muerte no reside en la destrucción de la vida, sino en la consecución de la VIDA. Por algo Francisco de Asís la llamaba la “Hermana Muerte”, aquella que con amor fraterno nos conduce de la mano hacia el Padre. Hoy, en el silencio de esta mañana, digamos con San Francisco en nuestra oración:”Alabado seas, mi Señor, por la Hermana muerte”, aquella que engendra Vida, que le devuelve a la vida su densidad perdida, que la recrea desde los parámetros nuevos del Reino, que restituye su dignidad y habla, aclama y grita Resurrección.

Oscar Alonso


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Viernes Santo: ¡Hay tanto por hacer!

escrito el 6 de abril de 2012 por en General

La lectura de la Pasión de Jesús que este día del Triduo Pascual escuchamos sobrecoge. Y es difícil que algo, una vez escuchado año tras año, tantas veces, sobrecoja del modo en que lo hace el relato de la Pasión. Si uno se atreve a entrar en la escena de aquel día en Jerusalén tiene la posibilidad de situarse ante los acontecimientos y posicionarse ante ellos. Siempre me llamó mucho la atención Simón de Cirene, el padre de Rufo y Alejandro, “un trabajador” que al regreso de su dura jornada se encuentra de bruces con Jesús y con su cruz. ¿Pasaba por allí por casualidad? ¿Se hizo el encontradizo? Bueno, parece que le “forzaron” a ayudar a cargar la cruz de Jesús. No sabemos más de él. El caso es que acompañó a Jesús… me lo imagino días después, al ver que Aquel a quien ayudó resucitaba de entre los muertos y verdaderamente era el Hijo de Dios, el Dios con nosotros, el Salvador del mundo.

Siempre que llega el viernes santo intento pensar cuántas cruces conozco, en mí y en los demás. Cuántas cruces propias necesito convertirlas en signos de vida y de esperanza. Cuántas cruces ajenas puedo (debo, quiero, me gustaría, estoy llamado a…) cargar sobre mí, a pesar de mi cansancio, a pesar de volver del trabajo duro de una jornada… ¿cuántas?

Sabemos por los exegetas, que los textos de la Pasión de Jesús fueron de los primeros. Aquella experiencia debió de ser tan intensa, tan fundante, tan desbordante… que lo primero que la comunidad cristiana puso por escrito fue la pasión, muerte y resurrección de Jesús. Estamos hoy ante una de las experiencias que da sentido a nuestras vidas: acercarnos al que lo necesita, cargar con su cruz, darla vida si es preciso, con la esperanza de la Resurrección. Preguntémonos, ante esta escena conmovedora, ante los que jalean y se mofan de Jesús, ante los que contemplaban la escena (de cerca y de lejos), ante la comprensiva “queja” de Jesús, ante su último grito (primero de todos los que vinieron después), dónde estamos nosotros, dónde nos situamos, dónde quiere Dios que nos situemos, sintamos y seamos ante Jesús en la cruz.

Oscar Alonso


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Jueves Santo: Os he dado ejemplo…

escrito el 5 de abril de 2012 por en General

Lectura del evangelio según san Juan (Jn 13,1-15)

“Antes de la fiesta de la Pascua, sabiendo Jesús que había llegado la hora de pasar de este mundo al Padre, habiendo amado a los suyos que estaban en el mundo, los amó hasta el extremo. Estaban cenando, ya el diablo le había metido en la cabeza a Judas Iscariote, el de Simón, que lo entregara, y Jesús, sabiendo que el Padre había puesto todo en sus manos, que venía de Dios y a Dios volvía, se levanta de la cena, se quita el manto y, tomando una toalla, se la ciñe; luego echa agua en la jofaina y se pone a lavarles los pies a los discípulos, secándoselos con la toalla que se había ceñido. Llegó a Simón Pedro, y éste le dijo: «Señor, ¿lavarme los pies tú a mí?». Jesús le replicó: «Lo que yo hago tú no lo entiendes ahora, pero lo comprenderás más tarde». Pedro le dijo: «No me lavarás los pies jamás». Jesús le contestó: «Si no te lavo, no tienes nada que ver conmigo». Simón Pedro le dijo: «Señor, no sólo los pies, sino también las manos y la cabeza». Jesús le dijo: «Uno que se ha bañado no necesita lavarse más que los pies, porque todo él está limpio. También vosotros estáis limpios, aunque no todos». Porque sabía quién lo iba a entregar, por eso dijo: «No todos estáis limpios». Cuando acabó de lavarles los pies, tomó el manto, se lo puso otra vez y les dijo: «¿Comprendéis lo que he hecho con vosotros? Vosotros me llamáis “el Maestro” y “el Señor”, y decís bien, porque lo soy. Pues si yo, el Maestro y el Señor, os he lavado los pies, también vosotros debéis lavaros los pies unos a otros; os he dado ejemplo para que lo que yo he hecho con vosotros, vosotros también lo hagáis»”.

El evangelio proclamado en la liturgia del Jueves Santo es uno de mis textos preferidos, por lo que cuenta, por cómo lo cuenta y por el don, la misión y la tarea que nos deja. De nuevo en el contexto de una cena, la cena de Pascua, central para los judías, hoy central para los cristianos, rememorada y celebrada en cada eucaristía, Jesús rompe el plano, se levanta, se despoja del manto, se ciñe una toalla y puesto de rodillas lava los pies a sus discípulos. ¿Cuál ha sido la última vez que nos hemos abajado a lavar los pies a alguien, metafóricamente o no? ¿De qué manto nos tuvimos que despojar para hacerlo? ¿Quién no quiso que les lavásemos los pies? ¿Qué razones de servicio, de vida, de verdad les dimos para ofrecer nuestro servicio gratuitamente? Porque Jesús, después del gesto, les pregunta si han entendido lo que ha hecho, no para aprobar el examen, sino para que recuerden en adelante que celebrar la eucaristía es, sobre todo, lavarse los pies los unos a los otros.

Y Pedro ¡qué tipo! Hasta en ese momento tan importante, simbólico y decisivo de la vida del Maestro es capaz de decir a Jesús que no le lava los pies “jamás”. ¡Lo que hace no entender nada! Y como quiere estar junto a Jesús y tener algo con él, cómo acepta a ser lavado del todo, a pesar de no entender muy bien lo que Jesús le dice y le pide. Lo importante es aceptar, para quizás después entender. Y a Pedro le costó entender… pero para todo hay un tiempo. Celebremos este Jueves Santo con hondura y profundidad. Cenemos con el Señor y con el Señor permanezcamos en vela. Llegan días de Pasión.

Un fuerte abrazo, Oscar Alonso


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Miércoles Santo: Al abatido, una palabra de aliento

escrito el 3 de abril de 2012 por en General

Lectura del libro de Isaías (Is 50,4-9a)

“Mi Señor me ha dado una lengua de iniciado, para saber decir al abatido una palabra de aliento. Cada mañana me espabila el oído, para que escuche como los iniciados. El Señor me abrió el oído; yo no resistí ni me eché atrás: ofrecí la espalda a los que me apaleaban, las mejillas a los que mesaban mi barba; no me tapé el rostro ante ultrajes ni salivazos. El Señor me ayuda, por eso no sentía los ultrajes; por eso endurecí el rostro como pedernal, sabiendo que no quedaría defraudado. Tengo cerca a mi defensor, ¿quién pleiteará contra mí? Comparezcamos juntos. ¿Quién tiene algo contra mí? Que se me acerque. Mirad, el Señor me ayuda, ¿quién me condenará?”.

En estos tiempos que vivimos, leer en primera persona estas palabras del profeta Isaías ¡no está nada mal! Tener la palabra justa en el momento apropiado no es nada fácil y puede ser para quien lo espera y/o necesita una bocanada de aire fresco, sobre todo si como afirma el profeta la persona que requiere esa palabra es un abatido que requiere una palabra de aliento.

Uno conoce a muchas personas que no tienen trabajo (de las que no lo tienen y quieren trabajar, me refiero), a no pocas parejas rotas y, a veces, envenenadas, a algunas madres y padres impotentes ante las necesidades y problemáticas de sus hijos, a algunos jóvenes que sólo viven, esperan y sueñan con el viernes y el sábado noche, a algunos hombres y mujeres sin ilusión por nada, a muchos que han perdido el motivo de luchar por algo cada día, de defender alguna causa buena y noble… uno conoce a algunos abatidos cercanos e intuye en los medios de comunicación que son muchos los abatidos por doquier que requieren una palabra de aliento.

Cada mañana el Señor nos espabila el oído para que seamos receptivos, para que estemos alertas, para que no perdamos la ocasión de levantar al que cae, de escuchar al que grita sin abrir boca, de sostener al que flaquea, de estar junto al que cree que nadie está dispuesto a acompañarle.

Cada mañana el Señor nos recuerda que está con nosotros, que le tenemos cerca, que nos ayuda (aunque a veces tendamos por instinto a la queja y a la reprobación). Ojalá este miércoles, a las puertas ya del Jueves Santo, día de la eucaristía, del servicio, del compartir misa y mesa, examinemos nuestra capacidad de escucha, nuestro compromiso por alzar al desvalido, por fortalecer al que vacila, por saber decir al abatido una palabra de aliento y lo renovemos sabedores de que el Señor nos defiende, nos ayuda y no defrauda.

Un fuerte abrazo. Oscar


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Martes Santo: Las cosas de Pedro

escrito el 3 de abril de 2012 por en General

Lectura del evangelio
según san Juan
(13,21-33.36-38)

En aquel tiempo, Jesús,
profundamente conmovido, dijo: «Os aseguro que uno de vosotros me va a
entregar». Los discípulos se miraron unos a otros perplejos, por no saber de
quién lo decía. Uno de ellos, el que Jesús tanto amaba, estaba reclinado a la
mesa junto a su pecho. Simón Pedro le hizo señas para que averiguase por quién
lo decía. Entonces él,  apoyándose en el
pecho de Jesús, le preguntó: «Señor, ¿quién es?». Le contestó Jesús: «Aquel a
quien yo le dé este trozo de pan untado». Y, untando el pan, se lo dio a Judas,
hijo de Simón el Iscariote. Detrás del pan, entró en él Satanás. Entonces Jesús
le dijo: «Lo que tienes que hacer hazlo en seguida». Ninguno de los comensales
entendió a qué se refería. Como Judas guardaba la bolsa, algunos suponían que
Jesús le encargaba comprar lo necesario para la fiesta o dar algo a los pobres.
Judas, después de tomar el pan, salió inmediatamente. Era de noche. Cuando
salió, dijo Jesús: «Ahora es glorificado el Hijo del hombre, y Dios es
glorificado en él. Si Dios es glorificado en él, también Dios lo glorificará en
sí mismo: pronto lo glorificará. Hijos míos, me queda poco de estar con
vosotros. Me buscaréis, pero lo que dije a los judíos os lo digo ahora a
vosotros: “Donde yo voy, vosotros no podéis ir”». Simón Pedro le
dijo: «Señor, ¿a dónde vas?». Jesús le respondió: «Adonde yo voy no me puedes
acompañar ahora, me acompañarás más tarde». Pedro replicó: «Señor, ¿por qué no
puedo acompañarte ahora? Daré mi vida por ti». Jesús le contestó: «¿Con que
darás tu vida por mí? Te aseguro que no cantará el gallo antes que me hayas
negado tres veces».

“Martes Santo se caracteriza su liturgia por la exaltación de la
Cruz y por ello en muchos lugares el protagonista de las procesiones de este
día es el Crucifijo”.

Este martes de Semana
Santa el evangelio del día contiene algunas preguntas y algunas rotundas
afirmaciones de Jesús. Me voy a quedar, no obstante, con dos expresiones, una
del evangelista y otra de Pedro.

La primera de esas
expresiones es la que da inicio a este relato: “En aquel tiempo, Jesús,
profundamente conmovido, dijo”. Conmover, conmoverse, conmoción. Apenas uso
estas palabras en mis conversaciones y escritos, y cuando lo hago es para
acompañar una crónica de un suceso, de algo que ha tenido un impacto negativo
en los demás. Me pregunto qué me conmueve, qué nos conmueve a nosotros. A Jesús
le conmovió profundamente saberse en la cuerda floja de la traición. Saberse a
punto de ser entregado por uno de los suyos, por uno de aquellos que le habían
acompañado durante tantos caminos y encuentros. Le conmovía también ver la
fragilidad de quien le iba a entregar y también de quien decía quererle tanto.

De hecho, la segunda de
las expresiones con las que me quedo del texto de hoy es una de las
pronunciadas por Pedro: “Daré mi vida por ti”. Jesús conocía muy bien a Pedro,
sabía de su autenticidad y de su tremenda fragilidad e incoherencia. A Pedro no
le salían las cuentas, quería respuestas rápidas, cómodas y envasadas de boca
de Jesús, pero no conseguía de él ese tipo de palabras. Jesús conocía bien su
corazón… ¿qué le provocó oír de boca de Pedro aquel “daré mi vida por ti”? Una
vez más Jesús nos recuerda a todos que las palabras son importantes, pero lo
son aún más las acciones que sostienen o dan inicio dichas palabras. Dar la
vida por Jesús, ¿estamos dispuestos? ¿Quién es Jesús para nosotros?

Lo bonito de Pedro es su
preocupación por estar junto a Jesús, por acompañarle, por saber a dónde va…
pese a sus incoherencias y cálculos humanos. En estos días que se acercan,
¿vamos a acompañar a Jesús? ¿Seremos capaces de permanecer junto a él sin hacer
demasiadas preguntas, pero abiertos a la escucha confiada del que se sabe
querido sin límites? Ojalá. Feliz Martes Santo. Un fuerte abrazo, Oscar

 

 

 


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Lunes Santo: De cena con los amigos en Betania

escrito el 2 de abril de 2012 por en General

Lectura del evangelio según san Juan (Jn 12,1-11)

Seis días antes de la Pascua, fue Jesús a Betania, donde vivía Lázaro, a quien había resucitado de entre los muertos. Allí le ofrecieron una cena; Marta servía, y Lázaro era uno de los que estaban con él a la mesa. María tomó una libra de perfume de nardo, auténtico y costoso, le ungió a Jesús los pies y se los enjugó con su cabellera. Y la casa se llenó de la fragancia del perfume. Judas Iscariote, uno de sus discípulos, el que lo iba a entregar, dijo«¿Por qué no se ha vendido este perfume por trescientos denarios para dárselos a los pobres?». Esto lo dijo, no porque le importasen los pobres, sino porque era un ladrón; y como tenía la bolsa llevaba lo que iban echando. Jesús dijo: «Déjala; lo tenía guardado para el día de mi sepultura; porque a los pobres los tenéis siempre con vosotros, pero a mí no siempre me tenéis». Una muchedumbre de judíos se enteró de que estaba allí y fueron, no sólo por Jesús, sino también para ver a Lázaro, al que había resucitado de entre los muertos. Los sumos sacerdotes decidieron matar también a Lázaro, porque muchos judíos, por su causa, se les iban y creían en Jesús.

El evangelio de hoy, como tantos otros fragmentos del evangelio, es un pasaje cargado de indicaciones para nuestra vida. Primero el detalle de que a Jesús, como desde el principio de su vida pública, le invitan a cenar. ¡Qué importante es para los seres humanos y particularmente para los cristianos reunirnos en torno a la mesa que hermana, que hace memoria, que invita a compartir y a celebrar vida.

El segundo detalle es el lugar en el que tiene lugar esta cena: Betania, en casa de su querido amigo Lázaro (al que resucitó) y de sus hermanas, Marta y María. María como siempre sirviendo, Marta como siempre contemplando y ungiendo a Jesús. ¡Qué importante es guardar el equilibrio entre servir y contemplar, entre la acción y la contemplación!

En tercer lugar, el recordarnos que siempre existe la tentación cercana a nosotros de elegir otros caminos y abandonar a Jesús. Ahí está Judas Iscariote para recordárnoslo.

El cuarto detalle que no deberíamos dejar pasar de este texto es el recordatorio de Jesús “a los pobres los tenéis siempre con vosotros”, que lejos de ser una aceptación resignada de lo que ya conocemos, es un aviso y recordatorio importante que nos recuerda que el mundo en el que vivimos genera, vive a costa de…, oprime… a muchos hombres y mujeres a los que denominamos “pobres” y en los que tantas veces nos encontramos nosotros mismos ataviados con todas nuestras posesiones, títulos y ataduras varias.

Por último, detenernos en los gestos y acciones de Jesús (resucitar a Lázaro) que hablaban del Padre, convocaban a la gente y eran motivo de conversión, de fe y de seguimiento. Así comenzamos esta Semana Santa y esta Santa Semana. ¡No está mal para comenzar! Feliz Semana a todos. Un abrazo, Oscar Alonso


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Identificarse con las víctimas

escrito el 30 de marzo de 2012 por en General

Ni el poder de Roma ni las autoridades del Templo pudieron soportar la novedad de Jesús. Su manera de entender y de vivir a Dios era peligrosa. No defendía el imperio de Tiberio, llamaba a todos a buscar el reino de Dios y su justicia. No le importaba romper la ley del sábado ni las tradiciones religiosas, sólo le preocupaba aliviar el sufrimiento de las gentes enfermas y desnutridas de Galilea. No se lo perdonaron. Se identificaba demasiado con las víctimas inocentes del imperio y con los olvidados por la religión del templo. Ejecutado sin piedad en una cruz, en él se nos revela ahora Dios, identificado para siempre con todas las víctimas inocentes de la historia. Al grito de todos ellos se une ahora el grito de dolor del mismo Dios.

En ese rostro desfigurado del Crucificado se nos revela un Dios sorprendente, que rompe nuestras imágenes convencionales de Dios y pone en cuestión toda práctica religiosa que pretenda dar culto a Dios olvidando el drama de un mundo donde se sigue crucificando a los más débiles e indefensos.

Si Dios ha muerto identificado con las víctimas, su crucifixión se convierte en un desafío inquietante para los seguidores de Jesús. No podemos separar a Dios del sufrimiento de los inocentes. No podemos adorar al Crucificado y vivir de espaldas al sufrimiento de tantos seres humanos destruidos por el hambre, las guerras o la miseria.

Dios nos sigue interpelando desde los crucificados de nuestros días. No nos está permitido seguir viviendo como espectadores de ese sufrimiento inmenso alimentando una ingenua ilusión de inocencia. Nos hemos de rebelar contra esa cultura del olvido, que nos permite aislarnos de los crucificados desplazando el sufrimiento injusto que hay en el mundo hacia una “lejanía” donde desaparece todo clamor, gemido o llanto.

No nos podemos encerrar en nuestra “sociedad del bienestar”, ignorando a esa otra “sociedad del malestar” en la que millones de seres humanos nacen solo para extinguirse a los pocos años de una vida que solo ha sido muerte. No es humano ni cristiano instalarnos en la seguridad olvidando a quienes solo conocen una vida insegura y amenazada.

Cuando los cristianos levantamos nuestros ojos hasta el rostro del Crucificado, contemplamos el amor insondable de Dios, entregado hasta la muerte por nuestra salvación. Si lo miramos más detenidamente, pronto descubrimos en ese rostro el de tantos otros crucificados que, lejos o cerca de nosotros, están reclamando nuestro amor solidario y compasivo.

José A. Pagola

Este Domingo de Ramos tenemos la oportunidad de detenernos y pensar si tenemos localizadas a las víctimas de hoy, de nuestro sistema, de nuestras propias comodidades, de nuestras sutiles incoherencias, de nuestras injusticias estructuradas (y estructurantes). Este Domingo se nos ofrece la posibilidad de pedir a Dios que nos dé la capacidad de identificarnos con esas víctimas, con las cercanas y las lejanas, con el prójimo próximo y lejano. Dejémonos hacer. Dejémonos interpelar por la Palabra y por las palabras (y gritos) de tantas víctimas, tal y como Jesús hizo y nos pidió que hiciéramos.

Oscar Alonso


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¡GRACIAS POR TANTO A TODOS!

escrito el 10 de octubre de 2011 por en General

Queridas y queridos amigos: paz y bien

El sábado por la tarde celebramos con ilusión, con muchas manos colaboradoras y con vuestra presencia sincera y entregada la esperada Tarde Solidaria por las Escuelitas de Guatemala y El Salvador. Para los que hemos estado preparando el acto, y creemos que para todos los que asistísteis o participásteis de algún modo en este acto, fue una tarde vivida, sentida y muy solidaria. Hecho el recuento de lo recaudado con las entradas, la venta de artesanía, la venta de alimentos y bebidas y una importante fila cero, se han recaudado 3.659,20 euros. Para todos, estando las cosas como están, creo que es una cantidad ENORME. Muchas gracias en nombre de los niños y niñas a las que estos fondos van destinados. Os dejo con las palabras que la Hermana Esperanza enviaba la misma tarde del evento. Seguimos en camino… GRACIAS DE TODO CORAZÓN.

“Desde el Centro Educativo Francisco Coll, Relleno Sanitario, ciudad de Guatemala, unimos nuestra plegaria a nuestro Dios de Vida para que les ilumine y acompañe en el desarrollo de la actividad realizada. Aunque estamos lejos de ustedes sentimos cercanía y calor de hermandad, de solidaridad y apoyo incondicional. Nuestra admiración por ser personas que son capaces de mover montañas para ayudar a los más necesitados y crear sonrisas y esperanza en nuestros niños. Nuestro agradecimiento por toda su entrega y por formar parte de nuestro equipo de trabajo, personas solidarias como ustedes de gran corazón hacen posible brindar a los niños y niñas de escasos recursos del Relleno Sanitario de la ciudad de Guatemala una educación y formación integral. Atentamente, Centro Educativo Francisco Coll”.


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