Aprender a Pensar

Repensar la Educación

Oscar Alonso Peno

Cristo Rey… finaliza un año litúrgico

Hoy, 21 de noviembre, finaliza el año litúrgico que como es sábido por todos no coincide con el final del año civil. Hoy celebramos la Solemnidad de Jesús, el Cristo, Rey el universo. ¿Qué querrá decir este título tan solemne dado a Jesús? ¿Cómo debemos traducir los cristianos esta solemnidad en nuestro día a día.

Si nos acercamos a la Palabra (Lucas 23, 35-43) proclamada en la eucaristía de este domingo leemos:

En aquel tiempo, las autoridades hacían muecas a Jesús diciendo: – A otros ha salvado, que se salve a sí mismo, si él es el Mesías de Dios, el Elegido. Se burlaban de él también los soldados, ofreciéndole vinagre y diciendo: – Si eres tú el rey de los judíos, sálvate a ti mismo. Había encima un letrero en escritura griega, latina y hebrea: «Éste es el rey de los judíos». Uno de los malhechores crucificados lo insultaba diciendo: – ¿No eres tú el Mesías? Sálvate a ti mismo y a nosotros. Pero el otro le increpaba: – ¿Ni siquiera temes tú a Dios, estando en el mismo suplicio? Y lo nuestro es justo, porque recibimos el pago de lo que hicimos; en cambio, éste no ha faltado en nada. Y decía: – Jesús, acuérdate de mí cuando llegues a tu Reino. Jesús le respondió: – Te lo aseguro: hoy estarás conmigo en el Paraíso.

¡Curioso! El día de la solemnidad de Cristo rey la liturgia de la Iglesia nos habla de la cruz y del modo en el que en esa cruz el Dios de Jesús reina. En la hoja parroquial me encuentro este comentario de José Antonio Pagola que con acierto dice: “El relato de la crucifixión, proclamado en esta fiesta de Cristo Rey, nos recuerda a los seguidores de Jesús que su reino no es un reino de gloria y de poder, sino de servicio, amor y entrega total para rescatar al ser humano del mal, el pecado y la muerte. Habituados a proclamar la “victoria de la Cruz”, corremos el riesgo de olvidar que el Crucificado nada tiene que ver con un falso triunfalismo que vacía de contenido el gesto más sublime de servicio humilde de Dios hacia sus criaturas. La Cruz no es una especie de trofeo que mostramos a otros con orgullo, sino el símbolo del Amor crucificado de Dios que nos invita a seguir su ejemplo. Cantamos, adoramos y besamos la Cruz de Cristo porque en lo más hondo de nuestro ser sentimos la necesidad de dar gracias a Dios por su amor insondable, pero sin olvidar que lo primero que nos pide Jesús de manera insistente no es besar la Cruz sino cargar con ella. Y esto consiste sencillamente en seguir sus pasos de manera responsable y comprometida, sabiendo que ese camino nos llevará tarde o temprano a compartir su destino doloroso. No nos está permitido acercarnos al misterio de la Cruz de manera pasiva, sin intención alguna de cargar con ella. Por eso, hemos de cuidar mucho ciertas celebraciones que pueden crear en torno a la Cruz una atmósfera atractiva pero peligrosa, si nos distraen del seguimiento fiel al Crucificado haciéndonos vivir la ilusión de un cristianismo sin Cruz. Es precisamente al besar la Cruz cuando hemos de escuchar la llamada de Jesús: «Si alguno viene detrás de mí… que cargue con su cruz y me siga»”.

El evangelio de este domingo, lejos de ser una especie de “punto final” a este año litúrgico, es una puerta que nos abre un espacio que nos plantea, una vez más, preguntas fundamentales sobre nuestro seguimiento de Jesús, sobre la calidad de nuestra vida cristiana, sobre el modo que nosotros vivimos y anunciamos el reino de Dios, el modo en el que Dios reina en nuestro mundo. Es un recuerdo para que los seguidores de Jesús reivindiquemos el verdadero sentido de la Cruz que es acercarse servicialmente a los crucificados, introducir justicia donde se abusa de los indefensos, reclamar compasión donde sólo hay ataques a los que piensan diferente e indiferencia ante los que sufren. Sabemos que esto nos traerá conflictos, críticas, rechazo y sufrimiento. Será nuestra manera humilde de cargar con la Cruz de Cristo, que nos enseña cómo se reina desde la Cruz.

En una semana nos adentramos en el increible tiempo de Adviento. Aprovechemos estos días para preparar nuestra “mochila” para ese camino hacia Belén, para ese itinerario personal y comunitario que nos lleva a Jesús, el Señor que comienza su reinado sin apenas sitio para nacer, desde la insignificancia de un pesebre, en medio de la noche, acogido por los más sencillos, adorado por los sabios de otros lugares… reinando desde la desapropiación más absoluta y la esperanza más transparente.

Oscar Alonso



escrito el 21 de noviembre de 2010 por en General


1 Comentario en Cristo Rey… finaliza un año litúrgico

  1. mercedespenogutierrez | 22-11-2010 a las 17:36 | Denunciar Comentario
    1

    Efectivamente, creo que cada ser humano que se encuentra en este mundo variopinto, lleva su cruz, unas veces ligera y en muchas ocasiones pesada como una losa, como Jesús la llevó en sus espaldas para salvarnos a todos nosotros. Gracias.

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