Aprender a Pensar

Repensar la Educación

Oscar Alonso Peno

¡Ven, Señor Jesús!

Comienza el tiempo litúrgico del Adviento. Un nuevo tiempo y un tiempo nuevo para recordar (y rememorar) que los cristianos, los que intentamos seguir a Jesús, vivimos y creemos esperando. Esperando en esperanza. Durante estas cuatros semanas escucharemos muchas veces palabras y expresiones como “estad preparados, velad, allanad los caminos, despertaos…”. ¿Qué querrá decir todo eso para mi vida, para nuestra vida, personal y comunitaria, para cada uno de nosotros? ¿Qué quiere decir hoy ese grito cercano y confiado, y al mismo tiempo necesitado, suplicante y desgarrador de ¡Ven, Señor Jesús!

Me pregunto s seré consciente de lo que significa decir hoy “ven Señor Jesús” a mi vida, a mi familia, a mi trabajo, a mi comunidad, a nuestras estructuras, a nuestros montajes, a nuestros autoengaños, a nuestras muestras de inmisericordia con los demás, a nuestra indiferencia, a nuestra critica destructiva, a nuestras verdades intocables y únicas, a nuestros intentos sinceros de ayudar, de generar vida, de ofrecer calor, color y esperanza donde todo parece perdido

¿En serio los cristianos, nuestras comunidades, la Iglesia entera quiere (y necesita), tiene espacio y valentía para pedir con sincero corazón que Jesús venga? Y todavía me pregunto otra cosa: ¿Y si volviese? ¿Le reconoceríamos? ¿Tendríamos espacio, lugar, puesto para él? ¿Y si ya ha venido y vive entre nosotros pero nos cuesta reconocerle en el día a día, en lo cotidiano, en las alegrías y dificultades…? Porque, como dice un salmo joven que en este tiempo recitaremos, “Dios viene, viene, viene siempre”.

Cuando gritamos en Adviento ¡Ven, Señor Jesús!, ¿qué decimos, qué esperamos, a quién esperamos, por qué, para qué? Creo que estas son las primeras preguntas que este tiempo de Adviento nos lanza. Este tiempo de camino y de espera, de posibilidades (que no de rebajas) es una nueva oportunidad para volver a Jesús, para recuperar  lo más genuino de su persona, de su mensaje, de sus palabras y gestos, de su seguimiento, de su humanidad y de su ser Dios encarnado

El Adviento es un tiempo de preparación, de deseo y esperanza, de conversión y de acogida. Dura cuatro semanas y finaliza con la Celebración de Navidad (Misa del Gallo), a la que Francisco de Asís llamaba la Fiesta de las Fiestas. Los sacerdotes se revisten de color morado para recordarnos que estamos en un tiempo de preparación, de camino, de conversión. María, la madre de Jesús, tiene un protagonismo especial durante este tiempo. Es la mujer de la espera, la madre de Dios, la discípula fiel. En Adviento es muy importante celebrar el sacramento de la reconciliación: reconocernos necesitados de mucha luz, de mucha vida y agradecidos por ser siempre acogidos.

El Adviento es un tiempo precioso para prepararnos a re-encontrar a Dios en nuestra vida y en la vida de todos aquellos que nos rodean. Es un tiempo para dejar que Dios nazca en nosotros y encuentre un lugar para quedarse. Por eso la exclamación más importante del Adviento es ¡VEN! ¡VEN, SEÑOR JESÚS! (Maranathá).

Si queremos aprovechar y vivir en profundidad este tiempo de Adviento no debemos tener miedo a Jesús, no debemos tener miedo a lo que su proyecto nos proponga y desmonte, a lo que su venida significa y conlleva.

Debemos poner a Jesús en el centro de nuestra vida, de nuestro seguimiento, de nuestra experiencia creyente, de nuestras comunidades, de nuestra Iglesia, de nuestras opciones y acciones.

Necesitamos recuperar al Jesús del que habla el evangelio de Mateo que escucharemos durante este Ciclo A que inauguramos hoy. Un Jesús para quien la compasión era el criterio de actuación, la dignidad de los últimos su meta, la curación y la restitución de dignidades su programa y el perdón su último horizonte.

Si no somos, ni queremos serlo, compasivos, desapropiados, sanadores, hombres y mujeres de perdón, entonces nuestra vida dice que no queremos que vuelva Jesús aunque lo repitamos muchas veces, lo cantemos y lo leamos estos días en muchos sitios.

Ojalá este tiempo de Adviento que se nos regala vaya llenando de luz aquello que ahora parece estar en tinieblas. Si nos dejamos sorprender quizás Dios se haga presente en nosotros y la Navidad será un regalo de luz, de esperanza para nuestras vidas muchas veces tan vacías de sentido y sedientas de encontrar algo verdadero, con sentido pleno y que nos dé fuerzas para luchar con entusiasmo y pasión por la vida.

Feliz travesía ¡Maranathá! ¡Ven, señor Jesús¡

 Oscar Alonso



escrito el 28 de noviembre de 2010 por en General


1 Comentario en ¡Ven, Señor Jesús!

  1. Carmen Gómez de Marín | 30-11-2010 a las 12:38 | Denunciar Comentario
    1

    El adviento es para mi el tiempo litúrgico más rico, Todas las lecturas nos alientan a la esperanza gozosa de la llegada del Mesías, Jesús sigue llegando cada día a nuestras vidas a través de múltiples manifestaciones, siempre que estemos en actitud de escucha. Son muchos los ruídos que nos impiden esa interiorización de la que tú hablas y que nos impiden descubrir esa presencia de Jesús tan cercana y a la vez tan lejana .
    Que sepamos aprovechar este tiempo de esperanza y re-encuentro con Jesús poniéndolo en el centro de nuestra vida.
    VEN , SEÑOR, JESÚS CARMEN

Escribe un comentario

Recuerda que:
  • Las opiniones aquí expresadas serán responsabilidad tuya, y en ningún caso de Aprender a Pensar
  • No se admitirán comentarios que vulneren lo establecido por las leyes y por las Normas de uso de este sitio
  • Aprender a Pensar se reserva el derecho de eliminar los comentarios que considere inadecuados
Los datos serán tratados de acuerdo con lo establecido en la Ley Orgánica 15/1999 de 13 de diciembre de Protección de Datos de Carácter Personal, y demás legislación aplicable. Consultar nuestra Política de Privacidad
Aprender a Pensar