Aprender a Pensar

Repensar la Educación

Oscar Alonso Peno

Miércoles Santo: Al abatido, una palabra de aliento

Lectura del libro de Isaías (Is 50,4-9a)

“Mi Señor me ha dado una lengua de iniciado, para saber decir al abatido una palabra de aliento. Cada mañana me espabila el oído, para que escuche como los iniciados. El Señor me abrió el oído; yo no resistí ni me eché atrás: ofrecí la espalda a los que me apaleaban, las mejillas a los que mesaban mi barba; no me tapé el rostro ante ultrajes ni salivazos. El Señor me ayuda, por eso no sentía los ultrajes; por eso endurecí el rostro como pedernal, sabiendo que no quedaría defraudado. Tengo cerca a mi defensor, ¿quién pleiteará contra mí? Comparezcamos juntos. ¿Quién tiene algo contra mí? Que se me acerque. Mirad, el Señor me ayuda, ¿quién me condenará?”.

En estos tiempos que vivimos, leer en primera persona estas palabras del profeta Isaías ¡no está nada mal! Tener la palabra justa en el momento apropiado no es nada fácil y puede ser para quien lo espera y/o necesita una bocanada de aire fresco, sobre todo si como afirma el profeta la persona que requiere esa palabra es un abatido que requiere una palabra de aliento.

Uno conoce a muchas personas que no tienen trabajo (de las que no lo tienen y quieren trabajar, me refiero), a no pocas parejas rotas y, a veces, envenenadas, a algunas madres y padres impotentes ante las necesidades y problemáticas de sus hijos, a algunos jóvenes que sólo viven, esperan y sueñan con el viernes y el sábado noche, a algunos hombres y mujeres sin ilusión por nada, a muchos que han perdido el motivo de luchar por algo cada día, de defender alguna causa buena y noble… uno conoce a algunos abatidos cercanos e intuye en los medios de comunicación que son muchos los abatidos por doquier que requieren una palabra de aliento.

Cada mañana el Señor nos espabila el oído para que seamos receptivos, para que estemos alertas, para que no perdamos la ocasión de levantar al que cae, de escuchar al que grita sin abrir boca, de sostener al que flaquea, de estar junto al que cree que nadie está dispuesto a acompañarle.

Cada mañana el Señor nos recuerda que está con nosotros, que le tenemos cerca, que nos ayuda (aunque a veces tendamos por instinto a la queja y a la reprobación). Ojalá este miércoles, a las puertas ya del Jueves Santo, día de la eucaristía, del servicio, del compartir misa y mesa, examinemos nuestra capacidad de escucha, nuestro compromiso por alzar al desvalido, por fortalecer al que vacila, por saber decir al abatido una palabra de aliento y lo renovemos sabedores de que el Señor nos defiende, nos ayuda y no defrauda.

Un fuerte abrazo. Oscar



escrito el 3 de abril de 2012 por en General


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