Aprender a Pensar

Repensar la Educación

Oscar Alonso Peno

Viernes Santo: ¡Hay tanto por hacer!

La lectura de la Pasión de Jesús que este día del Triduo Pascual escuchamos sobrecoge. Y es difícil que algo, una vez escuchado año tras año, tantas veces, sobrecoja del modo en que lo hace el relato de la Pasión. Si uno se atreve a entrar en la escena de aquel día en Jerusalén tiene la posibilidad de situarse ante los acontecimientos y posicionarse ante ellos. Siempre me llamó mucho la atención Simón de Cirene, el padre de Rufo y Alejandro, “un trabajador” que al regreso de su dura jornada se encuentra de bruces con Jesús y con su cruz. ¿Pasaba por allí por casualidad? ¿Se hizo el encontradizo? Bueno, parece que le “forzaron” a ayudar a cargar la cruz de Jesús. No sabemos más de él. El caso es que acompañó a Jesús… me lo imagino días después, al ver que Aquel a quien ayudó resucitaba de entre los muertos y verdaderamente era el Hijo de Dios, el Dios con nosotros, el Salvador del mundo.

Siempre que llega el viernes santo intento pensar cuántas cruces conozco, en mí y en los demás. Cuántas cruces propias necesito convertirlas en signos de vida y de esperanza. Cuántas cruces ajenas puedo (debo, quiero, me gustaría, estoy llamado a…) cargar sobre mí, a pesar de mi cansancio, a pesar de volver del trabajo duro de una jornada… ¿cuántas?

Sabemos por los exegetas, que los textos de la Pasión de Jesús fueron de los primeros. Aquella experiencia debió de ser tan intensa, tan fundante, tan desbordante… que lo primero que la comunidad cristiana puso por escrito fue la pasión, muerte y resurrección de Jesús. Estamos hoy ante una de las experiencias que da sentido a nuestras vidas: acercarnos al que lo necesita, cargar con su cruz, darla vida si es preciso, con la esperanza de la Resurrección. Preguntémonos, ante esta escena conmovedora, ante los que jalean y se mofan de Jesús, ante los que contemplaban la escena (de cerca y de lejos), ante la comprensiva “queja” de Jesús, ante su último grito (primero de todos los que vinieron después), dónde estamos nosotros, dónde nos situamos, dónde quiere Dios que nos situemos, sintamos y seamos ante Jesús en la cruz.

Oscar Alonso



escrito el 6 de Abril de 2012 por en General


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